Sobredosis.
Me fumé el sentido del ridículo, me esnifé la vergüenza, me tomé un mojito bien cargado de humor, al día siguiente tuve resaca; pero...¿Qué coño me importa ya todo?...Estaba dispuesta a cualquier cosa y con cualquier cosa, me refería a cualquier cosa, asique cogí, y me inyecté por vena algo llamado felicidad.
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