domingo, 22 de abril de 2012
♥
¿Sabes? Lo que pasa entre nosotros es más bonito que todo lo que he visto en las películas de amor, ya ninguna de esas me impresiona, si todo lo que haces por mi, como lo que yo hago por ti, es hasta de ciencia ficción, si el mejor protagonista eres tu, y sólo tu. Lo nuestro es más bien un teatro, de amor, de comedia, a veces de drama, de fantasía; el escenario es el suelo que pisamos, allá donde vamos; y el guión, improvisado. ¿Conclusión? Que la pareja que hacemos tu y yo, es la mejor (y no lo digo por presumir).
Las mejores. ♥
Y de repente aparecisteis vosotras. De la nada. Entre risas y bromas, de una simple amistad inocente. Aparecisteis para hacerme vivir otra vez; para recordarme que la vida hay que vivirla y que vosotras queréis vivirla conmigo. Demasiado diferentes y quizá por eso tan parecidas. Descubrir quien sois y darme cuenta, poco a poco, de que sois personas increíbles. Tan sólo gracias por hacerme sentir feliz. Es más que suficiente. Más de lo que puedo pedir. Más de lo que puedo agradecer.
- Es que no lo entiendes? Nadie puede hacerme sentir lo que tú me haces sentir, aunque luego estemos meses sin hablarnos y crea que te he olvidado. Ya me he dado cuenta por tercera vez, aunque quiera, no puedo evitarlo. Te quiero y siento que es de verdad, y eso me da miedo porque me da miedo perderte.
:)
02 / Abr / 12 ♥
-Quiero levantarme por las mañanas y ver tu cara nada más abrir los ojos, quiero que me llames todos los días, que te preocupes si no estoy bien, que me preguntes, que me llames princesa, que me abraces, que me beses, que te pongas celoso de otros chicos, quiero tenerte cerca, que intentes hacerme reír, que te mueras por verme todos los días, que no llegues tarde, que salgas unicamente para verme a mi, que no dejes de lado a tus amigos por mi, que vivas cada día como si fuese el primero, que me digas te quiero cuando lo sientas, quiero vivir un sueño, nuestro sueño.
Lo nuestro es algo gigante que detiene el tiempo.
- ¿A dónde vas? Aún no hemos terminado.-
- Me tengo que ir, no quiero hacer algo de lo que después me pueda arrepentir.- Se le escapó en un susurro a Louis.
- Entonces déjame hacerlo a mí, yo no voy a arrepentirme de lo que llevo meses intentando que ocurra.- Se acercó con ternura a los labios de aquel hombre, cuyo aliento le embriagaba y le puso sus manos lentamente en su cintura.
Él no pudo más y cayó rendido en sus brazos. En ese momento Louis entendió que todo lo demás pasaba de largo y ya no era importante. Y entre susurros Jane dijo: "Lo nuestro es algo gigante que detiene el tiempo, lo malo es que a veces eres incapaz de verlo".
- Me tengo que ir, no quiero hacer algo de lo que después me pueda arrepentir.- Se le escapó en un susurro a Louis.
- Entonces déjame hacerlo a mí, yo no voy a arrepentirme de lo que llevo meses intentando que ocurra.- Se acercó con ternura a los labios de aquel hombre, cuyo aliento le embriagaba y le puso sus manos lentamente en su cintura.
Él no pudo más y cayó rendido en sus brazos. En ese momento Louis entendió que todo lo demás pasaba de largo y ya no era importante. Y entre susurros Jane dijo: "Lo nuestro es algo gigante que detiene el tiempo, lo malo es que a veces eres incapaz de verlo".
miércoles, 18 de abril de 2012
Que por saber algo, sé que te quiero.
Que no hay monstruos en el armario, ni los reyes magos te vigilan para ver todo lo malo que haces. Sé que los malos son muy malos, y los buenos no son tan buenos. Créeme, que he aprendido que los conciertos están para dejarse los pies, y la voz. Que los besos a escondidas saben mejor. Que un baño de agua fría a veces sienta tan bien como uno de agua caliente. Que el mundo está plagado de personas agradables, y a la vez, de personas que no merecen ser llamadas personas. Ahora sé que no hay calcetines para el pie izquierdo, ni para el pie derecho. Que los tacones a las cuatro de la mañana en una fiesta, ya no están en los pies. Que las medias se rompen muy fácilmente, y que el pintalabios rojo no se borra de las camisas blancas.Y lo más importante, sé que de siete días a la semana, yo te quiero ocho.
La primera vez que tienes una relación ni siquiera sabes muy bien qué es eso del amor. Te fijas en ese niño, y te acercas. Con una simple pregunta se arregla todo ¿ quieres ser mi novio? En la infancia todo es más fácil, igual que hacer amigos, problemas sustanciales se solucionan con preguntas simples de respuesta igual de simple. E imitas lo que ves. Por eso a pesar de tener 4 o 5 años agarras de la mano a ese pequeñajo y te sientes mayor.
Empiezas a crecer, y tratar de efectuar una conquista no es tan simple como pegar plastilina en el pelo a un niño con la excusa de quedarte a solas con él. Empiezas a comprender poco a poco qué es ese fenómeno llamado amor, del que todos hablan, que todos afirman conocer, pero que en realidad pocos te pueden definir con exactitud. Con 10 años sigues imitando lo que ves, quizás con un poco más de conocimiento, y los rechazos y rupturas empiezan a doler más.
Más adelante, llega la temida adolescencia, las hormonas se disparan, y ves amor cada dos por tres. Empiezas a preocuparte demasiado por todo, pierdes la confianza que tenías de niño, y echas de menos esa simple pregunta que lo conseguía todo “ quieres...?”. Piensas que todo eso que lees en los libros y ves en las películas debe ser real, y un buen día, crees que lo has conseguido. Afirmas de forma cabezota que te has enamorado de verdad, y te hundes en lo más hondo cuando todo se rompe. Eres capaz de hacer locuras, de llorar noche y día, y de desesperarte en cualquier momento. Maldices al amor, a las películas, a los libros y al niño al que pegaste la plastilina en el pelo ( es que entonces fue tan fácil!). Definitivamente, afirmas una y otra vez que no volverás a sentir nada semejante, y te comprometes a pasar por la vida sin sentir nunca más, evitando así el dolor.
Y de repente, cuando menos te lo esperas, sucede. Aparece alguien que lo cambia todo. Y vuelves a creer en las novelas, los cuentos y todas esas películas que abandonaste firmemente convencida de que jamás volverías a creer en ellos. Y aprendes a vivir cada momento, a no preocuparte tanto y a dejarte llevar. A atreverte a querer, y casi más importante, atreverte a que te quieran. Sabes que es difícil vivir un “ para siempre”, pero ¿ qué más da? Él es tú “ ¿ para qué preocuparse?”, y no piensas más. Piensas en que le quieres y en que, por el momento, eso está ahí, y es lo único que importa.
Empiezas a crecer, y tratar de efectuar una conquista no es tan simple como pegar plastilina en el pelo a un niño con la excusa de quedarte a solas con él. Empiezas a comprender poco a poco qué es ese fenómeno llamado amor, del que todos hablan, que todos afirman conocer, pero que en realidad pocos te pueden definir con exactitud. Con 10 años sigues imitando lo que ves, quizás con un poco más de conocimiento, y los rechazos y rupturas empiezan a doler más.
Más adelante, llega la temida adolescencia, las hormonas se disparan, y ves amor cada dos por tres. Empiezas a preocuparte demasiado por todo, pierdes la confianza que tenías de niño, y echas de menos esa simple pregunta que lo conseguía todo “ quieres...?”. Piensas que todo eso que lees en los libros y ves en las películas debe ser real, y un buen día, crees que lo has conseguido. Afirmas de forma cabezota que te has enamorado de verdad, y te hundes en lo más hondo cuando todo se rompe. Eres capaz de hacer locuras, de llorar noche y día, y de desesperarte en cualquier momento. Maldices al amor, a las películas, a los libros y al niño al que pegaste la plastilina en el pelo ( es que entonces fue tan fácil!). Definitivamente, afirmas una y otra vez que no volverás a sentir nada semejante, y te comprometes a pasar por la vida sin sentir nunca más, evitando así el dolor.
Y de repente, cuando menos te lo esperas, sucede. Aparece alguien que lo cambia todo. Y vuelves a creer en las novelas, los cuentos y todas esas películas que abandonaste firmemente convencida de que jamás volverías a creer en ellos. Y aprendes a vivir cada momento, a no preocuparte tanto y a dejarte llevar. A atreverte a querer, y casi más importante, atreverte a que te quieran. Sabes que es difícil vivir un “ para siempre”, pero ¿ qué más da? Él es tú “ ¿ para qué preocuparse?”, y no piensas más. Piensas en que le quieres y en que, por el momento, eso está ahí, y es lo único que importa.
La primera vez que lo conocí fue cuando me enamoré de él. ♥
Él es idiota. Él es bipolar. Gracioso. Cariñoso. Infantil. Alegre. Detallista. Especial. Quejica. Descuidado. Borde. Imprudente. Aunque a veces cariñoso. Simpático. Dulce. Olvidadizo. Tiene manías que no puedo soportar. Cariñoso. No he contado las veces que me ha dicho "te quiero", pero sé que son muchas. Ve lo bello de la vida en donde nadie más lo puede ver. Siempre está ahí, a cada momento, a mi lado. Es la única persona que sabe sacarme de quicio. No me hace falta ser fuerte, él lo es por mi. No permite que llore, él llora por los dos. Ni el cristal más fino se asemeja a lo transparente que puede llegar a ser cuando le miro a los ojos. Hizo que mis latidos tuvieran sentido. Por cada lágrima, él tiene preparado una palabra para poder callarlas. Él espera, nunca abandona. Siempre está ahí, en el momento más inesperado y necesario. La primera vez que lo conocí fué cuando me enamoré de él. Aunque no lo admita, se preocupa demasiado por todo. Soy orgulloso y cabezota. Pero si no es con él, ni él es conmigo, que esos latidos se paren, porque ya no les encontraría sentido alguno. Que otros le llamen de todas las maneras que existan. Enfermedad. Promiscuidad. Raro. Precioso. Sencillo. Complicado. Difícil. Doloroso. Verdadero. Lamentable. Todas las personas de este planeta lo llamarían de cualquier otra forma... Pero siguen pasando los días y sigo sin encontrar la definición exacta de esto. Y no hay nada que se pueda definir mejor.
Es inútil intentar que todos lo comprendan. Porque nunca fue necesario definir un sentimiento tan pequeño y a la vez tan GRANDE. Solo hace falta sentirlo.
Es inútil intentar que todos lo comprendan. Porque nunca fue necesario definir un sentimiento tan pequeño y a la vez tan GRANDE. Solo hace falta sentirlo.
domingo, 15 de abril de 2012
Qué fácil parece a veces enamorarse.
No hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza por eso de que sus caderas... Ya sé de sobra que tiene esa sonrisa y esas maneras, y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da. Pero además la he visto seria ser ella misma, y en serio que eso no se puede escribir en un poema. Por eso, eso que me cuentas de que mírala cómo bebe las cervezas y cómo se revuelve sobre las baldosas y qué facil parece a veces enamorarse. Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción...
Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dió dos besos y me dijo su nombre. Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente para decirte; venga, hazte un peta y me lo cuentas. No sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece, luego te abrace, y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.
Así que supondrás que yo soy el primero que entiende el que pierdas la cabeza por sus piernas y el sentido por sus palabras, y los huevos por un minimo roce de mejilla. Que las suspicacias,
los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que pueda provocarte son algo con lo que ya cuento. Quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos. Que yo también la veo, que cuando ella cruza por debajo del cielo solo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su voz en formato susurro, y formato gemido y en formato secreto.
Que me sé sus cicatrices y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría, y me sé lo de sus rodillas y la forma que rozar las cuerdas de una guitarra.
Que yo también he memorizado su numero de telefono, pero también el numero de sus escalones y el numero de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías. Que no solo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores, y yo sí que no tengo cojones a decirle que no a nada porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendrá jamás con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo).
Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella, rendida a ese puto milagro que supone que exista. Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos, y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino, y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.
Que lo de "mira sí, un polvo es un polvo", y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas y solo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.
Que te entiendo. Que yo escribo sobre lo mismo. Sobre la misma. Que razones tenemos todos. Pero yo, muchas más que vosotros.
Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dió dos besos y me dijo su nombre. Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente para decirte; venga, hazte un peta y me lo cuentas. No sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece, luego te abrace, y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.
Así que supondrás que yo soy el primero que entiende el que pierdas la cabeza por sus piernas y el sentido por sus palabras, y los huevos por un minimo roce de mejilla. Que las suspicacias,
los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que pueda provocarte son algo con lo que ya cuento. Quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos. Que yo también la veo, que cuando ella cruza por debajo del cielo solo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su voz en formato susurro, y formato gemido y en formato secreto.
Que me sé sus cicatrices y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría, y me sé lo de sus rodillas y la forma que rozar las cuerdas de una guitarra.
Que yo también he memorizado su numero de telefono, pero también el numero de sus escalones y el numero de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías. Que no solo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores, y yo sí que no tengo cojones a decirle que no a nada porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendrá jamás con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo).
Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella, rendida a ese puto milagro que supone que exista. Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos, y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino, y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.
Que lo de "mira sí, un polvo es un polvo", y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas y solo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.
Que te entiendo. Que yo escribo sobre lo mismo. Sobre la misma. Que razones tenemos todos. Pero yo, muchas más que vosotros.
Dos de Abril de Dos mil doce. ♥
Llegaste tú, y contigo un terremoto que le dio la vuelta a mi mundo. Llegaron mil sonrisas gratuitas, mil comeduras de cabeza, un par de lágrimas que no quería echar y mil canciones, cada una con un recuerdo. Aunque te quiero como la que más, sé que no te lo demuestro mucho, se que te digo mil y una tonterías de las que luego me arrepiento, sé que me quieres, y también sé que me lo demuestras más que yo a ti. Se que eres lo mejor que me ha podido pasar. Que me encanta que tú olor se incruste en mi piel, que me beses como solo tú sabes hacerlo, que me mires, me sonrías y con eso, con solo eso, consigues hacerme feliz. Que si joder, que te quiero.
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